Además de talentosas, aguerridas y hermosas, capaces de causar sensación cuando menean las caderas y tan peligrosas como para tumbar gobiernos, algunas mujeres venezolanas se han dado el tupé de cumplir la maravillosa suma de cien años. Éstas que han visto dos eclipses solares y al intrépido cometa haley otro par de veces más. Pues una de ellas es Filomena, la tía abuela de la mujer que me hace viajar 400 Km. a la semana.Filomena Dios le ha permitido comer bastantes arepas y observar la transformación progresiva de Venezuela, desde la transportación de tracción de sangre de los burros, hasta los aviones y los trenes subterráneos; desde el tocadiscos, hasta el ipod. Desde el benemérito Juan Vicente Gómez, el analfabeto que pagó la deuda externa, hasta el pintoresco Hugo Chávez.
Filomena aun lucida y pendiente de las arepas, también campanea un buen whisky, recita poesías, visita la peluquería con frecuencia y se hace la manicure. Se viste de gala para las fiestas y no se pierde los matrimonios, aun piensa en el futuro, porque aun es incierto y solo Dios sabe hasta donde éste llegará
Hace unos días fue celebrado su cumpleaños en Canoabo, por la vía hacia Bejuma, a unos 350 Km. de la ciudad de Caracas, donde precisamente nació, allí en la iglesia donde fue bautizada fue dada una acción de gracias y la fiesta en el sitio donde comenzó a caminar. Algunos bailaron, otros comieron, otros rieron, otros hablaron, otros lloraron; como algunos solo guardaron silencio, pero todos, absolutamente todos se regocijaron de ver lo que pocos tienen el privilegio de ver, y más aun del privilegio de lo que Filomena ha podido vivir.
Es como si el tiempo no le afectara, y la magia de la niñez estuviese de vuelta. Es como si el mundo se haya puesto patas arriba y se pasara por alto una cosa tan minúscula como lo son cien años.